El acero inoxidable, el acierto contemporáneo para la decoración

Si existe un material que se ha puesto de completa actualidad para la decoración es, sin lugar a dudas, el acero inoxidable. Un material con una pureza extraordinaria que conquista todo tipo de espacios, tanto de interior como de exterior.

Si se quiere conseguir unos ambientes que consigan fundir lo contemporáneo con lo elegante se debe recurrir al uso de este material de gran belleza que puede adquirir las formas más inverosímiles.

Efectivamente, el acero inoxidable está cosechando un buen número de seguidores, ganando terreno en relación a otros materiales. Es un metal ampliamente usado en la estética de vanguardia, con la ventaja añadida de no necesitar mantenimiento alguno. Con el acero inoxidable, cada vez más utilizado por los diseñadores, nos podemos olvidar de pintar, su apariencia siempre se mantendrá como recién instalado, ya que no se decolora con la acción del sol ni va perdiendo el color original.

Propiedades del acero inoxidable

No son pocas las propiedades que tiene este tipo de metal, y aunque la belleza es su principal virtud, las demás no se quedan atrás en importancia para su uso doméstico, empresarial e industrial.

Una gran estética

La belleza es el valor fundamental para ser elegido como elemento decorativo, cuenta con un gran acabado estético y confiere a las estancias donde se coloca un aspecto elegante y moderno. Cada vez más arquitectos lo están utilizando en sus obras y proyectos.

Por otra parte, y como ya se ha comentado, posee una excelente capacidad de conservación, por lo que no necesita un mantenimiento constante. Su limpieza se lleva a cabo de manera sencilla y simple, basta con aplicar cualquier producto tradicional de limpieza (agua, detergente, jabón…), sin problemas, pues su superficie no sufrirá daño alguno.

También hay que valorar su excelente maleabilidad, que permite crear todo tipo de objetos y utensilios, por lo que la forma también entra dentro de su capacidad estética, que en este caso dependerá del diseñador o del artista.

Pero, además de estéticamente atractivo, ofrece una serie de características que complementan esta cualidad y lo hacen tremendamente útil para su uso en el día a día de cualquier hogar o entorno laboral.

Una gran resistencia a la corrosión

Es una de sus características más valoradas. Y es que el acero inoxidable posee un alto contenido en cromo que es lo que le confiere esta particular resistencia a la corrosión. Sorprendentemente, este metal es capaz de generar de forma completamente natural una capa protectora al entrar en contacto con el ambiente. Una capa de óxido de cromo, que recubre y protege su superficie, y se regenera cada vez que sufre daños.

Una gran resistencia a la temperatura

Las temperaturas extremas no afectan al acero inoxidable. No hay comparación con otros materiales en este sentido, pues es capaz de soportar, tanto por alta como por baja, los grados más elevados o más helados sin que sufra deterioro, alteraciones, fragilización o rotura. Su resistencia directa al fuego no tiene comparación posible, además de no desprender ningún tipo de humo tóxico.

Sus propiedades mecánicas

Ya se ha mencionado su maleabilidad, pero esta no es su única virtud en cuanto a propiedades mecánicas. También posee una excelente ductilidad (deformación plástica de manera sostenible sin romperse), elasticidad y dureza. Estas propiedades hacen este material perfecto para cualquier tipo de proyecto decorativo o constructivo, ya que también presenta una gran resistencia al desgaste.

El acero inoxidable para la cocina

Este material es muy recurrente a la hora de ser usado en todos los espacios de una vivienda, pero es especialmente atractivo para las cocinas, ya que además de las ventajas antes mencionadas, como su resistencia a la corrosión, a las temperaturas extremas, la facilidad para limpiarse y mantenerse, su larga vida útil, habría que añadir dos características más.

En primer lugar, su capacidad para no albergar ningún tipo de germen. Y es que, al no tener superficie porosa, no cobija ningún tipo de germen ni bacteria, como sí ocurre en el caso del plástico o la madera. En segundo lugar, no afecta a los platos cocinados, ya que no condiciona los sabores de las comidas con su contacto directo. Las comidas tendrán siempre el sabor que el cocinero les quiera transmitir según los condimentos que lleve.

 

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